CAPÍTULO
II
LA DE
A DEVERAS O SEA, ¿QUE ES Y QUE ESTUDIA?
Vamos
a acercarnos un poco más a esta palabra historia. Si ya convenimos
-o por lo menos te quedaste callado y el que calla otorga- en que la
historia es una ciencia, veamos ahora qué entendemos por ella.
Lo primero que nos llama la atención es que la
historia estudia el movimiento a través del tiempo y del espacio.
Aquí hay tres elementos: movimiento, tiempo y espacio. El primero
significa que nada en la vida permanece igual, que todo cambia, y
que por lo tanto
también las sociedades. Esto lo estudia la historia. Pero como ya
dijimos, ninguna sociedad se da
fuera del tiempo y el espacio; por ello la historia analiza el paso
de las sociedades en el tiempo y también en los lugares físicos,
geográficos donde se desarrollaron.
El objeto fundamental del estudio de la
historia es el hombre. La historia es obra humana, ya hablaremos de
los acontecimientos o de su interpretación. No te creas, no es una
afirmación tan boba, tiene su sentido. No ha faltado quien ha
escrito sobre la historia de un mar, sobre el vestido, la
tecnología y otras cosas; pero a veces se han metido tanto en su
rollo que llegan a olvidar al hombre detrás de todo ello. Y así no
se vale, o si se
vale, pues ya no es historia. Como decía un gran historiador
llamado Marc Bloch: “ahí donde huele la carne humana, sabe que
está su presa".
Sin embargo, el hombre sólo puede ser entendido
en sociedad. Sus logros o fracasos, su vida, sus gustos y razón de
ser están moldeados socialmente. Ello
quiere decir que el verdadero objeto de estudio de la historia son
los hombres en sociedad.
Con
los elementos anteriores podemos ya acercarnos a un concepto que
abarque lo que entendemos por historia: el estudio científico de las
sociedades y sus cambios a través del tiempo.
Lo que estudia
Dijimos
que la historia estudia las sociedades y sus cambios a través del
tiempo, pero ello no deja de ser medio vago.
La
historia tradicional, viejita y aburrida, sólo estudia las batallas,
las guerras, los héroes, las leyes y otras cosas por el estilo. El
enfoque científico de la historia es mucho más exigente, pues tiene
por objeto de estudio:
Los hechos de masas: masa de hombres, masa de
bienes y de las creencias. Es decir, se fija el estudio de los
grupos de hombres,
de la producción de sus bienes materiales y de sus ideas.
Los hechos institucionales: es decir, todos
aquellos que
tienden a fijar
las relaciones entre los hombres dentro de los marcos sociales. Por
ejemplo, las leyes, los tratados internacionales, etc.
Los acontecimientos: es decir, la aparición y
desaparición de
personajes, de grupos, movimientos
de opinión, revoluciones, guerras, formación de gobiernos, etc.
Entre paréntesis, el acontecimiento es casi lo que estudia
exclusivamente la historia tradicional, la que todavía nos siguen
endilgando aquí
y allá.
Si
te fijas atentamente notarás que esta forma de estudiar la historia
es más amplia que la tradicional, pues trata de abarcar lo que
llamaríamos "el todo humano", esto es, todo lo que
comprenden las sociedades: lo económico, la población, la política,
la cultura y los acontecimientos. Precisamente por ello no ha faltado
quien diga (claro, un historiador), que la historia es la mas
compleja y difícil de las ciencias. Te lo digo para que veas con
quién te estás poniendo, casi casi con Sansón a las patadas.
La fórmula PESC
y la fórmula del arado, la espada y el libro
Quienes
han diseñado los programas de historia en Inglaterra, han propuesto
la fórmula PESC para su estudio, identificando cuatro dimensiones
significativas para el tratamiento de esta disciplina: Política.
Economía, Sociedad y Cultura.
Por
su parte, el antropólogo e historiador Ernest Gellner, propone otra
fórmula: el arado (es decir, la producción, la economía),
la espada (las formas de control y coerción social), y
finalmente el libro (la cultura).
Si
te pones buzo, vas a notar que lo que ambas fórmulas de estudio nos
proponen, es simple y sencillamente tratar de abarcar con la mirada
los aspectos más importantes del desarrollo de las sociedades a
través del tiempo. Ello se relaciona con los tres puntos que vimos
al principio de este capítulo como objeto de estudio de la historia.
A su
vez, los aspectos señalados no se deben ver en un sentido estrecho,
sino amplio y abierto, como sugerimos a continuación:
En la política, no hay que limitarse al análisis
de las instituciones,
gobernantes y leyes; hay
que estudiar las luchas por el poder; los levantamientos triunfantes
o fracasados que se hayan planteado la cuestión estatal; los grupos
de interés y su ideología específicamente
política.
En el estudio de la
economía es pertinente analizar los elementos técnicos que
intervienen en la producción; las organizaciones que forman los
hombres en relación
con aquellos elementos
técnicos; las
influencias mutuas entre los hombres y su hábitat; las relaciones
que extraeconómicamente
influyen en la
explotación o
cooperación; los intercambios de mercado, etc.
Respecto a la sociedad, sugerimos el
análisis de
cuestiones como la población, su crecimiento o decrecimiento; la
existencia de sistemas jerárquicos y a qué factores obedecen:
étnicos.
económicos, jurídicos, religiosos, etc; los grupos sociales y su
papel: mujeres,
niños, ancianos, minorías raciales, religiosas o sexuales. etc.
La cultura debe ser abordada en su sentido
amplio,
estableciendo además la diferencia entre las concepciones
“razonadas”
o de “alta
cultura”, que se expresan en la
religión, la
filosofía, el
arte o la
ciencia y por otro lado las mentalidades, entendidas como
estructuras de
larga duración, varias de las cuales están formadas por
tradiciones y elementos no conscientes.
El
hecho histórico, en sus complejas relaciones internas y externas,
debe ser enmarcado, además, en tiempo (cronología, periodización,
líneas de tiempo) y espacio (mapas geográficos e históricos,
análisis del hábitat).
Tomado de: Miguel Ángel Gallo T, Invitación a la Historia, México, Ediciones Quinto Sol, 1a edición, 1996, pp. 9-11.
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