lunes, 4 de septiembre de 2017

Seguimos viviendo en la Edad Media


"Seguimos viviendo en la Edad Media", dice Jacques Le Goff

Fue una etapa brillante, dice el historiador

Por Luisa Corradini | LA NACION
Miércoles 12 de octubre de 2005


PARIS.– Discípulos y colegas llaman al francés Jacques Le Goff “el ogro historiador”. Es una referencia al desaparecido Marc Bloch, cofundador de l’Ecole des Annales, quien afirmaba que un buen historiador “se parece al ogro de la leyenda: allí donde huele carne humana, sabe que está su presa”.

De un ogro, Jacques Le Goff tiene la estatura y el apetito. También tiene una insaciable curiosidad que lo llevó a transformarse en una referencia mundial sobre la historia de la Edad Media, período al cual el hombre contemporáneo le debe muchas de sus conquistas, dice.

A los 82 años, Jacques Le Goff sigue trabajando, a pesar de la profunda tristeza que le provocó la reciente muerte de su esposa –después de casi 60 años de vida en común– y de una caída que desde 2003 lo mantiene recluido en su departamento de París.

Con cualquiera de sus libros –tantos que podrían formar una biblioteca– todo lector se siente inteligente y erudito.

Aún más que sus condiscípulos Georges Duby, Emmanuel Le Roy Ladurie y François Furet, Le Goff recurrió a todas las disciplinas para estudiar la vida cotidiana, las mentalidades y los sueños de la Edad Media: antropología, etnología, arqueología, psicología. Sus obras mezclan conocimiento y perspectivas. Con ellas es posible introducirse en un medioevo fascinante, donde se estudiaba y se enseñaba a Aristóteles, Averroes y Avicena, las ciudades comenzaban a forjarse una idea de la belleza y los burgueses financiaban catedrales que inspirarían a Gropius, Gaudi y Niemeyer. En esa Edad Media masculina, la mujer era respetada, las prostitutas bien tratadas y hasta desposadas, y solía suceder que las jovencitas aprendieran a leer y a escribir.

-Los historiadores no consiguen ponerse de acuerdo sobre la cronología de la Edad Media. ¿Cuál es la correcta, a su juicio?

-Es verdad que no todos los historiadores coinciden en esa cronología. Para mí, la primera de sus etapas comienza en el siglo IV y termina en el VIII. Es el período de las invasiones, de la instalación de los bárbaros en el antiguo imperio romano occidental y de la expansión del cristianismo. Déjeme subrayar que Europa debe su cultura a la Iglesia. Sobre todo, a San Jerónimo, cuya traducción latina de la Biblia se impuso durante todo el medioevo, y a San Agustín, el más grande de los profesores de la época.

-Usted, gran anticlerical, jamás deja de destacar el papel de la Iglesia en los mayores logros de la Edad Media.

-¡Pero no es necesario ser un ferviente creyente para hablar bien de la Iglesia! También soy un convencido partidario del laicismo: principio admirable, establecido por el mismo Jesús cuando dijo: "Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Pero, volviendo a la cronología, la segunda etapa está delimitada por el período carolingio, del siglo VIII al X.

-El imperio de Carlomagno fue, para muchos, el primer intento verdadero de construcción europea?

-Falso. En realidad se trató del primer intento abortado de construcción europea. Un intento pervertido por la visión "nacionalista" de Carlomagno y su patriotismo franco. En vez de mirar al futuro, Carlomagno miraba hacia atrás, hacia el imperio romano. La Europa de Carlos V, de Napoleón y de Hitler fueron también proyectos antieuropeos. Ninguno de ellos buscaba la unidad continental en la diversidad. Todos perseguían un sueño imperial.

-Usted escribió que a partir del año 1000 apareció una Europa soñada y potencial, en la cual el mundo monástico tendría un papel social y cultural fundamental.

-Así es. Una nueva Europa llena de promesas, con la entrada del mundo eslavo en la cristiandad y la recuperación de la península hispánica, que estaba en manos de los musulmanes. Al desarrollo económico, factor de progreso, se asoció una intensa energía colectiva, religiosa y psicológica, así como un importante movimiento de paz promovido por la Iglesia. El mundo feudal occidental se puso en marcha entre los siglos XI y XII. Esa fue la Europa de la tierra, de la agricultura y de los campesinos. La vida se organizaba entre la señoría, el pueblo y la parroquia. Pero también entraron en escena las órdenes religiosas militares, debido a las Cruzadas y a las peregrinaciones que transformarían la imagen de la cristiandad. Entre los siglos XIII y XV, fue el turno de una Europa suntuosa de las universidades y las catedrales góticas.

-En todo caso, para usted, la Edad Media fue todo lo contrario del oscurantismo.

-Aquellos que hablan de oscurantismo no han comprendido nada. Esa es una idea falsa, legado del Siglo de las Luces y de los románticos. La era moderna nació en el medioevo. El combate por la laicidad del siglo XIX contribuyó a legitimar la idea de que la Edad Media, profundamente religiosa, era oscurantista. La verdad es que la Edad Media fue una época de fe, apasionada por la búsqueda de la razón. A ella le debemos el Estado, la nación, la ciudad, la universidad, los derechos del individuo, la emancipación de la mujer, la conciencia, la organización de la guerra, el molino, la máquina, la brújula, la hora, el libro, el purgatorio, la confesión, el tenedor, las sábanas y hasta la Revolución Francesa.

-Pero la Revolución Francesa fue en 1789. ¿No se considera que la Edad Media terminó con la llegada del Renacimiento, en el siglo XV?

-Para comprender verdaderamente el pasado, es necesario tener en cuenta que los hechos son sólo la espuma de la historia. Lo importante son los procesos subyacentes. Para mí, el humanismo no esperó la llegada del Renacimiento: ya existía en la Edad Media. Como existían también los principios que generaron la Revolución Francesa. Y hasta la Revolución Industrial. La verdad es que nuestras sociedades hiperdesarrolladas siguen estando profundamente influidas por estructuras nacidas en el medioevo.

-¿Por ejemplo?

-Tomemos el ejemplo de la conciencia. En 1215, el IV Concilio de Latran tomó decisiones que marcaron para siempre la evolución de nuestras sociedades. Entre ellas, instituyó la confesión obligatoria. Lo que después se llamó "examen de conciencia" contribuyó a liberar la palabra, pero también la ficción. Hasta ese momento, los parroquianos se reunían y confesaban públicamente que habían robado, matado o engañado a su mujer. Ahora se trataba de contar su vida espiritual, en secreto, a un sacerdote. Tanto para mí como para el filósofo Michel Foucault, ese momento fue esencial para el desarrollo de la introspección, que es una característica de la sociedad occidental. No hace falta que le haga notar que bastaría con hacer girar un confesionario para que se transformara en el diván de un psicoanalista.

-Usted habla de emancipación de la mujer en la Edad Media. ¿Pero aquella no fue una época de profunda misoginia?

-Eso dicen y, naturalmente, hay que poner las cosas en perspectiva. Yo sostengo, sin embargo, que se trató de una época de promoción de la mujer. Un ejemplo bastaría: el culto a la Virgen María. ¿Qué es lo que el cristianismo medieval inventó, entre otras cosas? La Santísima Trinidad, que, como los Tres Mosqueteros, eran, en realidad, cuatro: Dios, Jesús, el Espíritu Santo y María, madre de Dios. Convengamos en que no se puede pedir mucho más a una religión que fue capaz de dar estatus divino a una mujer. Pero también está el matrimonio: en 1215, la Iglesia exigió el consentimiento de la mujer, así como el del hombre, para unirlos en matrimonio. El hombre medieval no era tan misógino como se pretende.

-La invención del purgatorio, a mediados del siglo XII, parece haber sido también uno de los momentos clave para el desarrollo de nuestras sociedades actuales.

-Así es. Curiosamente, lo que comenzó como un intento suplementario de control por parte de la Iglesia, concluyó permitiendo el desarrollo de la economía occidental tal como la practicamos en nuestros días.

-¿Cómo es eso?

-La invención del purgatorio se produjo en el momento de transición entre una Edad Media relativamente libre y un medioevo extremadamente rígido. En el siglo XII comenzó a instalarse la noción de cristiandad, que permitiría avanzar, pero también excluir y perseguir: a los herejes, los judíos, los homosexuales, los leprosos, los locos... Pero, como siempre sucedió en la Edad Media, cada vez que se hacían sentir las rigideces de la época los hombres conseguían inventar la forma de atenuarlas. Así, la invención de un espacio intermedio entre el cielo y el infierno, entre la condena eterna y la salvación, permitió a Occidente salir del maniqueísmo del bien y del mal absolutos. Podríamos decir también que, inventando el purgatorio, los hombres medievales se apoderaron del más allá, que hasta entonces estaba exclusivamente en manos de Dios. Ahora era la Iglesia la que decía qué categorías de pecadores podrían pagar sus culpas en ese espacio intermedio y lograr la salvación. Una toma de poder que, por ejemplo, permitiría a los usureros escapar al infierno y hacer avanzar la economía. También serían salvados de este modo los fornicadores.

-Pero hasta la aparición del sistema bancario reglamentado, en el siglo XVIII, tanto la Iglesia como las monarquías sobrevivieron gracias a los usureros. ¿Por qué condenarlos al infierno?

-Porque así lo establecían las escrituras, como en la mayoría de las religiones. En el universo cristiano medieval, la usura era un doble robo: contra el prójimo, a quien el usurero despojaba de parte de su bien, pero, sobre todo, contra Dios, porque el interés de un préstamo sólo es posible a través del tiempo. Y como el tiempo en el medioevo sólo pertenecía a Dios, comprar tiempo era robarle a Dios. Sin embargo, el usurero fue indispensable a partir del siglo XI, con el renacimiento de la economía monetaria. La sed de dinero era tan grande que hubo que recurrir a los prestamistas. Entonces la escolástica logró hallarles justificaciones. Surgió así el concepto de mecenas. También se aceptó que prestar dinero era un riesgo y que era normal que engendrara un beneficio. En todo caso, y sólo para los prestamistas considerados "de buena fe", el purgatorio resultó un buen negocio.

-La Edad Media también inventó el concepto de guerra justa, vigente hasta nuestros días, como lo demostraron los debates en la ONU sobre la guerra en Irak. Curioso, ya que el cristianismo es portador de un ideal de paz. Hasta se podría decir que es antimilitarista.

-Es verdad. Ordenándole a Pedro que enfundara su espada, Cristo dijo: "Quien a hierro mate, a hierro morirá". Los primeros grandes teóricos cristianos latinos eran pacifistas. Pero todo cambió a partir del siglo IV, cuando el cristianismo se transformó en religión de Estado.

-En otras palabras, los cristianos se vieron obligados a cristianizar la guerra.

-En esa tarea tendrá un papel fundamental San Agustín, el gran pedagogo cristiano. Para él, la guerra es una consecuencia del pecado original. Como éste existirá hasta el fin de los tiempos, la guerra también existirá por siempre. San Agustín propuso, entonces, imponer límites a esa guerra. En vez de erradicarla, decidió confinarla, someterla a reglas. La primera de esas reglas es que sólo es legítima la guerra declarada por una persona autorizada por Dios. En la Edad Media, era el príncipe. Hoy es el Estado, el poder público. La segunda regla es que una guerra es justa sólo cuando no persigue la conquista. En otras palabras: las armas sólo se toman en defensa propia o para reparar una injusticia. Esas reglas siguen perfectamente vigentes en nuestros días.

-¿Se podría decir que el hombre medieval trataba de preservar la cristiandad de todo aquello que amenazaba su equilibrio?

-Constantemente. Déjeme evocar como ejemplo el que para mí fue el aspecto más negativo de la época: la condena absoluta del placer sexual, simbolizado por el llamado "pecado de la carne". La alta Edad Media asumió las prohibiciones del Antiguo Testamento. Desde entonces, el cuerpo fue diabolizado, a pesar de algunas excepciones, como Santo Tomás de Aquino, para quien era lícito el placer en el acto amoroso. Frente a la opresión moral, la sociedad medieval reaccionó con la risa, la comedia y la ironía. El universo medieval fue un mundo de música y de cantos, promovió el órgano e inventó la polifonía.

-Hace un momento hizo referencia a los fornicadores que tuvieron un lugar en el purgatorio. ¿Cómo fue esto posible en una época de tanta represión sexual?

-Hay una anécdota que ilustra perfectamente la dualidad medieval. El rey Luis IX de Francia, que después sería canonizado como San Luis, tenía una vitalidad sexual desbordante. En los períodos en que las relaciones carnales eran lícitas (fuera de las fiestas religiosas), el monarca no se contentaba con reunirse con su esposa por las noches. También lo hacía durante el día. Esto irritaba mucho a su madre, Blanca de Castilla, que en cuanto se enteraba de que su hijo estaba con la reina intentaba introducirse en la habitación para poner fin a sus efusiones. Luis IX decidió entonces poner un guardián ante su puerta, que debía prevenirlo y darle tiempo de disimular su desenfreno. Ese hombre lleno de ardor tuvo once hijos y cuando partió a la Cruzada, en 1248, llevó a su mujer, a fin de no privarse de sus placeres sexuales. ¡No imaginará usted que la Iglesia podía enviar a San Luis a arder en el fuego eterno del infierno!

-¿También podríamos decir que la Edad Media inventó el concepto de Occidente?

-La palabra "Occidente" no me gusta. Pronunciada por los occidentales, tiene un contenido de soberbia para el resto del planeta.

-Pero entonces, ¿cómo definir, por ejemplo, a América, heredera de Europa?

-América ha dejado de ser la heredera de Europa. Lo fue hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando tanto Estados Unidos como el resto del continente dejaron de tener al hombre como centro de sus preocupaciones.

-Usted es un apasionado estudioso de la imaginación colectiva de la Edad Media. ¿Por qué eso es tan importante?

-Felizmente, las nuevas generaciones de historiadores siguen cada vez más esa tendencia. La imaginación colectiva se construye y se nutre de leyendas, de mitos. Se la podría definir como el sistema de sueños de una sociedad, de una civilización. Un sistema capaz de transformar la realidad en apasionadas imágenes mentales. Y esto es fundamental para comprender los procesos históricos. La historia se hace con hombres de carne y hueso, con sus sueños, sus creencias y sus necesidades cotidianas.

-¿Y cómo era esa imaginación medieval?

-Estaba constituida por un mundo sin fronteras entre lo real y lo fantástico, entre lo natural y lo sobrenatural, entre lo terrenal y lo celestial, entre la realidad y la fantasía. Si bien los cimientos medievales de Europa subsistieron, sus héroes y leyendas fueron olvidados durante el Siglo de las Luces. El romanticismo los resucitó, cantando las leyendas doradas de la Edad Media. Hoy asistimos a un segundo renacimiento gracias a dos inventos del siglo XX: el cine y las historietas. El medioevo vuelve a estar de moda con "Harry Potter", "La guerra de las galaxias" y los videojuegos. En realidad, la Edad Media tiene una gran deuda con Hollywood. Y viceversa. Pensé alguna vez que provocaría un escándalo afirmando que el medioevo se había prolongado hasta la Revolución Industrial. La verdad es que ha llegado hasta nuestros días.

-¿Se podría decir entonces que seguimos viviendo en la Edad Media?

-Sí. Pero esto quiere decir todo lo contrario de que estamos en una época de hordas salvajes, ignorantes e incultas, sumergidos en pleno oscurantismo. Estamos en la Edad Media porque de ella heredamos la ciudad, las universidades, nuestros sistemas de pensamiento, el amor por el conocimiento y la cortesía. Aunque, pensándolo bien, esto último bien podría estar en vías de extinción.



Fuente:  Luisa Corradini, "Seguimos viviendo en la Edad Media", dice Jacques Le Goff, LA NACIÓN, Miércoles 12 de octubre de 2005. 

http://www.lanacion.com.ar/746748-seguimos-viviendo-en-la-edad-media-dice-jacques-le-goff

La Baja Edad Media

Lemus Delgado, Daniel y Claudio Morales Sandoval, Historia Moderna y Contemporánea... (Fragmento)

 

La Baja Edad Media



Si la palabra expansión nos ayuda a tener una idea clara de lo que significó la vida en Europa durante los siglos X al XIII, el concepto de crisis nos ayuda a comprender mejor lo que fue la Baja Edad Media. Piensa que después de tres siglos de crecimiento a partir del siglo XIV se produjo una crisis general en Europa que sumió a la población a duras condiciones de vida, hasta que se volvió a experimentar una lenta recuperación a finales del siglo XV.


Esta crisis ha sido explicada por los historiadores como la "trilogía medieval", representada por el hambre, la peste y las guerras, fenómenos que en su época fueron interpretados como castigos divinos en una sociedad que no entendía, ni podía explicarse, por qué los alimentos ya no eran suficientes para todos los habitantes y la gente literalmente moría de hambre, a causa de no tener qué comer; por qué llegó una nueva enfermedad, totalmente desconocida en Europa hasta ese momento, que podía acabar en un par de meses con la mitad o más de los habitantes de un pueblo; o por qué los conflictos entre reinos se prolongaban tantos años en guerras que parecían no tener final.


A nosotros personas del siglo XXI, nos parece difícil entender cómo estos fenómenos podían ser asimilados por las personas del siglo XIV. Nuestra forma de pensar se basa en el raciocinio y se pretende encontrar una explicación científica de los fenómenos naturales y sociales. Pero no olvides que en esta época la ciencia como tal no existía, la ignorancia estaba muy extendida, eran pocos los que podían leer y más pocos aún los que asistían a una universidad; por lo tanto, las personas buscaban las explicaciones en fenómenos sobrenaturales. Probablemente, este periodo fue como pocos en la Historia: uno en que se convivía cotidianamente con la muerte, en que la seguridad en los bienes las personas era muy limitada, en el que la existencia adquiría tintes dramáticos con el afán de sobrevivir en un mundo oscuro, incierto, fanático y violento donde reinaba el caos.
La primera manifestación de la crisis se trató de una crisis demográfica expresada en un desequilibrio entre 1a producción y los recursos. Los historiadores piensan que el origen de esta crisis se encuentra en la presencia de oleadas sucesivas de hambruna, seguidas de la disminución de la población. Recuerda que en siglos anteriores la población europea se duplicó alcanzando una alta densidad de población. La forma en que esta población fue alimentada ya la conoces bien: innovaciones tecnológicas, expansión de las tierras cultivables, sistema de rotación trienal. Sin embargo, estas innovaciones fueron insuficientes cuando la población siguió creciendo; en otras palabras, los avances tecnológicos, aunque importantes, no fueron suficientes para producir la cantidad de alimentos que se necesitaba y al inicio del siglo XIV la agricultura se estancó: la producción había llegado a su límite. Se cultivaron más tierras, pero muchas de ellas no eran las más aptas para la producción agrícola; los suelos más ricos fueron sobreexplotados hasta provocar su agotamiento. La tierra ya no producía todo el alimento que necesitaba una población en expansión.


Esta crisis agrícola tuvo sus repercusiones en el ámbito económico. Tú sabes muy bien que cuando un producto escasea aumenta su precio. Y esto sucedió en esta época: la crisis de producción tuvo un impacto negativo, se extendió la escasez de alimentos y se experimentaron aumento en los precios y en los salarios.


Asimismo, la población en su conjunto no pudo consumir la misma cantidad de alimentos que en generaciones anteriores, por lo que la hambruna estuvo presente en la mayor parte de la población ocasionando un estado crónico de malnutrición y favoreciendo que los organismos, inmunológicamente débiles, estuvieran más propensos a las enfermedades. ¡Se calcula que en algunas regiones de Europa el promedio de vida descendió a tan sólo 20 años!


En estas circunstancias la llegada de nuevas enfermedades resultó catastrófica. Una de ellas, la peste negra, había llegado de Oriente al parecer trasladadas por unas ratas en un barco genovés. A mediados del siglo XIV, se había extendido por toda Europa occidental diezmando a la población. Junto con la peste otras enfermedades dañaban a la población: tifus, cólera y tosferina. Pero aunque se habla de una crisis demográfica, este fue un fenómeno local, de una población o una comarca. Lo que quiere decir que en ocasiones podía presentarse en un poblado, pero en otro, a corta distancia y separado geográficamente por una montaña o un río, no la padecía, debido al aislamiento en que vivían las pequeñas comunidades rurales. En cambio, la población urbana fue la que más padeció debido a la concentración de la población, al hacinamiento y falta de higiene. La epidemia se propagaba más en el verano mientras que en el invierno parecía no avanzar. La muerte arrasaba por igual, tanto a nobles como plebeyos, a sacerdotes como obispos, a hombres, mujeres y ancianos. Un historiador ha calculado que la población europea descendió de 73,5 millones en 1350 a 50 millones en 1450. Países como Francia, España, Inglaterra e Italia perdieron entre el 25 y el 30% de la población.


Ante estos hechos, frecuentemente se extendía el temor y ocurrían actos colectivos de desesperanza y pesadumbre. ¿Puedes imaginar una situación como esta?: en algunos poblados la peste dio origen a revueltas populares, mientras que en otras la incomprensión dio paso a matanzas de personas inocentes, como las que padecieron algunas comunidades judías perseguidas por la muchedumbre o personas que fueron condenadas acusadas de brujería ante la Inquisición. Los sacerdotes llamaban al arrepentimiento colectivo y los predicadores exhortaban la conversión a través de inflamantes sermones apocalípticos. Bandas de flagelantes vagaban de aldea en aldea extendiendo el miedo y el temor. La vida cotidiana se convertía en una tragedia permanente.


El tercer fenómeno que ocasionó la mortandad fueron las guerras, que provocaban la destrucción de las cosechas, la inseguridad de los caminos, el saqueo de las poblaciones y la extensión de las epidemias. Los ejércitos, aunque eran reducidos en comparación con otras épocas, contaban con armas de mayor poder destructivo. Su motivación para ir a la guerra era la promesa de recompensas derivadas por el botín obtenido por vencer a los enemigos.


Entre estos conflictos, el más prolongado fue la Guerra de Cien Años, que enfrentó a ingleses y franceses en un conflicto bélico con interrupciones entre los años de 1337 a 1453, el cual consolidó un sentimiento de unidad y fortaleció el poder de estos monarcas sobre sus respectivos feudos. El origen de la guerra fue la muerte del rey Felipe III, de Francia, sin descendientes varones. Entonces dos familias reclamaron el trono para sí: los Valois, que presentaron como heredero al sobrino de Felipe y Eduardo III rey de Inglaterra, quien también tenía un sobrino con aspiraciones al trono.


En el fondo, esta sucesión fue el pretexto porque tanto ingleses como franceses estaban interesados en controlar el ducado de Flandes, hoy en día Bélgica, debido al vigoroso comercio que representaba esta región y Francia quería apoderarse del ducado de Aquitania, bajo protectorado inglés, con sus lucrativos viñedos y su puerto de Burdeos. La guerra se prolongó más de lo esperado, con periodos relativos de paz y preparación para reanudar la guerra; en estas circunstancias, sumadas por la peste y los excesos de impuestos, generaron revueltas campesinas en Francia, una de las cuales fue sometida violentamente por los mismos ejércitos reales ocasionando la masacre de más de 20 mil personas. La guerra finalizó hasta 1453 cuando un ejército francés mejor dotado por el uso de la moderna artillería, expulsó a los ingleses de Normandía, Aquitania y Calais en 1453.


La crisis demográfica y económica a la Postre favoreció la consolidación de las monarquías nacionales, que obtuvieron mayor poder a costa del debilitamiento de los señores feudales. Este fortalecimiento se debió a la creación de ejércitos profesionales en los cuales 108 soldados obtenían una paga directa por sus servicios –aunque en ocasiones este pago no era otro que el derecho a saquear las poblaciones–; sin embargo, el punto es que lentamente se sustituyó el concepto de lealtad para apoyar al rey por el de contrato, un servicio específico para la guerra. Asimismo, las monarquías se consolidaron por establecimiento de la corte en un lugar fijo, pues antes los reyes tenían una corte itinerante, que establecía las funciones de gobierno de un lugar a otro. Se creó, asimismo, un cuerpo especializado para las relaciones con otros reinos, los embajadores. Y se mejoró la administración del territorio, cobrando impuestos y aplicando la ley funcionarios en nombre del rey, en comparación del sistema feudal que delegaron estas funciones al señor feudal.


Los reyes no sólo aspiraron a controlar a los señores feudales sino que también pretendieron influenciar los asuntos eclesiásticos e imponer su autoridad sobre la jerarquía eclesiástica de sus reinos. Lejano era el tiempo en que los papas coronaban a los reyes, más bien, los reyes deseaban coronar a los papas. En este contexto, ocurrió el Cisma de Occidente, entre los años de 1309 a 1407, en el que se rompió la unidad de la Iglesia Católica Romana. Recuerda que un rasgo de la civilización occidental en la época medieval fue la unidad a partir del cristianismo, mantenido por jerarquía de la Iglesia. En el año 1054 se produjo el Cisma de Oriente, es decir, la separación de la iglesia con sede en Bizancio y encabezada por un patriarca y la Iglesia de Roma, a partir de entonces los cristianos de Oriente se llamaron ortodoxos (palabra de origen griego que significa opinión correcta). Sin embargo, en el Cisma de Occidente la Iglesia de Roma se separó debido a las intenciones de los reyes de controlar al papado, de tal manera que en este periodo se tuvo hasta la presencia de tres papas al mismo tiempo. Aunque al final de cuentas las diferencias se resolvieron, el poder temporal de los papas quedó muy debilitado.


Fuente: Lemus Delgado, Daniel y Claudio Morales Sandoval, Historia Moderna y Contemporánea desde la fragmentación del sistema feudal hasta el Congreso de Viena, México, 2007, editorial Limusa, Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, pp. 42-69.

La Plena Edad Media

El periodo entre los siglos XI y XIII en Europa Occidental es la Edad Media Clásica. La idea que generalmente tenemos sobre la Edad Media, con sus castillos y caballeros, con las doncellas y los cantares de gestas heroicas, con sus monasterios y monjes, con las cruzadas y batallas contra los moros; con el establecimiento de las universidades y el surgimiento del pensamiento filosófico escolástico, con ciudades amuralladas y la vida de los campesinos en un feudo, se consolidó durante este periodo. Es el tiempo de un renacimiento artístico y el surgimiento de las lenguas romances. También es la época en que se inicia una competencia entre las ciudades por construir elevadas catedrales como símbolo de una sociedad teocéntrica, donde la vida se entiende entre el bien y el mal, en la lucha terrenal entre ángeles y demonios. Es decir, muchas de las ideas que tenemos sobre el mundo medieval que son parte de nuestro imaginario colectivo, se presentan en este periodo. No es exagerado decir que es la plenitud de la Edad Media.

A partir del año mil Europa experimentó una serie de transformaciones que permitieron dejar atrás el periodo de anarquía, se dará una seguridad mayor a la población, situación que se acompaña del incremento de la producción agrícola y el crecimiento de la población. Es un periodo de prosperidad, pero que beneficia a unos cuantos: un nuevo grupo social, la burguesía, que empieza acumular riqueza a partir de las actividades mercantiles y se convirtió en el grupo social aliado del rey para debilitar, lentamente, el poder de la nobleza. Así, la riqueza ya no sólo se medirá en términos de la posesión de la tierra, sino que gradualmente el dinero se convertirá en un símbolo de poder.

La cristiandad se expandió tanto al interior de Europa como al exterior. Los cristianos emprendieron en España la expulsión de los musulmanes y fueron hasta Tierra Santa, con la intención de recuperar Jerusalén, en manos musulmanas. Pero también es una expansión que se reflejó en la fundación de nuevos poblados, en el desmonte de los bosques para aprovechar la tierra para la agricultura, en el crecimiento de los pueblos y en un aumento en la demografía.

El imperio de Carlomagno favoreció la consolidación del sistema feudal, una mejor organización defensiva y una administración directa sobre los territorios, lo que permitió una continuidad en la producción agrícola. Durante este periodo se experimentó un crecimiento económico y poblacional en Europa, pero no existe un consenso sobre cuál fue la causa que posibilitó dicho crecimiento.

Estas transformaciones no ocurrieron ni de manera generalizada ni en forma sostenida. Ciertas ciudades y regiones experimentaron un mayor crecimiento económico y demográfico, mientras que en otras partes dicho crecimiento no ocurrió. Asimismo se trató de un proceso lento, no de un cambio radical ocurrido en 20 o 30 años.

La base de la vida material en la Plena Edad Media continuó siendo la agricultura, mientras que la ganadería era una actividad complementaria con un mínimo impacto. El comercio, sobre todo el comercio a grandes distancias, era una actividad especializada para unos cuantos. La mayor parte de las personas vivían en un mundo rural, a pesar del avance y consolidación de las ciudades. La tierra, era también la base del prestigio social de la nobleza.

¿Por qué en este periodo se experimentó un incremento en la capacidad productiva agrícola? La respuesta la debemos encontrar en las nuevas técnicas agrícolas o en la difusión de técnicas antiguas cuyo uso se empezó a generalizar, como la rotación de cultivos: los campesinos dejaban una cantidad de tierra, llamada barbecho, sin utilizar, de rotación trienal, lo que permitió aumentar la superficie cultivada, ya que el barbecho ocupaba sólo un tercio de las tierras en lugar de la mitad, además de variar los tipos de cultivos y no depender de una sola cosecha al año, permitiendo hacer frente a las inclemencias del clima.

La productividad agrícola se incrementó también por la adopción del arado asimétrico de ruedas, el empleo cada vez más generalizado del hierro en instrumentos de labranza, en lugar de la madera que se utilizaba tradicionalmente, y el uso de la vertedera, un instrumento que sirve para voltear y extender la tierra levantada por los arados; de esta forma fue posible sembrar a mayor profundidad.

No menos importante fue la invención del "tiro moderno", una especie de collarín de hombros que permitió emplear al caballo como fuerza motriz para mover los arados que resultó ser más rápido que el buey para arar la tierra, lo que aumentó la productividad. Este invento fue complementado por el uso de las herraduras, que dieron seguridad al caballo para apoyar sus patas y cuidaron sus pezuñas.

También se difundió el uso del molino, tanto hidráulico como de viento, como fuente de energía. Su difusión favoreció actividades como amasar la harina y preparar el pan, lo que permitió "tiempo libre" para el labrador que le permitió redistribuir este tiempo en otras actividades productivas.

Estas técnicas permitieron aumentar la superficie dedicada al cultivo, el rendimiento de las cosechas, la variedad de los productos agrícolas, lo que significó que la alimentación mejoró y disminuyó la mortandad debida a hambres o enfermedades asociadas a una inadecuada alimentación. Pero a pesar de estos avances, la población siempre vivió "al límite", las hambrunas no desaparecieron y cada año se presentaba la incertidumbre sobre si la producción de alimentos alcanzarla para satisfacer las demandas de una población en aumento.

La expansión agrícola probablemente se debió al incremento de la población, que se duplicó entre los siglo X y XIV; se estima que Europa occidental tenía una población de 14.7 millones de habitantes en el año 600, para el año 950 se incrementó a 22.6 y, hacia el año 1348, la población había llegado 54.4 millones.

Otro rasgo distintivo de la Plena Edad Media es el crecimiento de las ciudades. Algunas eran antiguas ciudades romanas, otras estaban situadas estratégicamente como puntos de interconexión en caminos o puertos, algunas más eran sede de poderes episcopales o de los reyes. Pero, en conjunto, las ciudades se beneficiaron de la expansión agrícola y demográfica ocurrida en el mundo rural, ya que los excedentes productivos favorecieron el incremento de los intercambios urbanos, materias primas y alimentos, fortaleciendo las funciones de la ciudad como centros artesanales y comerciales. Los excedentes demográficos permitieron un éxodo rural, lo que llevó al crecimiento de la población urbana.

Hacia el año 1300 las ciudades más importantes en Europa eran Milán, Florencia, Venecia, Génova y París con una población superior a los 80 mil habitantes; mientras que ciudades como Verona, Londres, Brujas y Colonia tenían entre 40 y 80 mil habitantes. Las ciudades fungían como centros de población que concentraban sus edificios dentro de una muralla y servían como centros mercantiles y artesanales. La producción manufacturera se especializó y los artesanos se organizaron en gremios de zapateros, herreros, costureros y panaderos entre otros. Los gremios determinaban la cantidad, la calidad y el precio de los bienes que producían y se organizaban jerárquicamente con la presencia de aprendices, oficiales y maestros. Se limitaba también el número de artesanos que se podían dedicar a una actividad específica.

Cada ciudad era administrada de manera diferente y algunas gozaron de gran autonomía. Se empezaron a consolidar minorías de poder y el surgimiento de un nuevo grupo, social: la burguesía. Y, a partir del siglo XIII, cada vez más las ciudades estuvieron bajo el control directo del rey, lo que a la postre le redituaría en un mayor poder frente al de los señores feudales.

Así, junto al aumento de la productividad agrícola, se presentó un fenómeno económico que lentamente socavó las estructuras mismas de la sociedad feudal: el resurgimiento del comercio de largo alcance. El comercio no dejó de ser una actividad marginal, sin embargo, su importancia es más cualitativa que cuantitativa: se consolidó la burguesía, con una mentalidad distinta, que introdujo el valor del dinero y la riqueza para acumular más riqueza, surgiendo un nuevo modelo de vida, distinto al ideal de los caballeros.

En este contexto las cruzadas permitieron abrir los ojos de los europeos a otras civilizaciones, descubrir nuevos productos y abrir nuevas rutas comerciales. Surgió así la posibilidad de comerciar productos de regiones distantes. Y esta oportunidad fue aprovechada por los burgueses. A lo largo de Europa se instalaron ferias comerciales anuales. Se dictaron leyes para proteger los caminos y los mercados. Se realizaron nuevas monedas. Se crearon las primeras sociedades mercantiles, las letras de cambio y sistemas primitivos de crédito. Se revalorizó la actividad comercial.

En el ámbito político, durante la Plena Edad Media existieron dos modelos sobre la mejor manera de organizar el territorio, que buscaron imponerse uno sobre el otro. Un modelo de gobierno era representado por el Papa y el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, heredero del Imperio Carolingio, que luchaban por imponer un gobierno universal; es decir, dominar y organizar diferentes pueblos sobre el poder espiritual del Papa y el poder terrenal del emperador. Por otra parte estaban las monarquías feudales que revitalizaron su poder, cobijadas por la expansión económica del momento, y lentamente se apoderaron de espacios regionales, tal es el caso de la dinastía Capeta en Francia o la dinastía Plantagenet en Inglaterra, cuya rivalidad desembocaría posteriormente en la Guerra de Cien Años.

La Plena Edad Media no sólo fue una época de expansión territorial o económica, sino también fue un periodo de expansión ideológica. Esta expansión se presentó sobre todo, a partir de la institución universal de la Europa Medieval: la Iglesia. Fueron las órdenes monásticas las que sirvieron como instrumento para fortalecer la visión única del cristianismo, instituyendo la Inquisición como tribunal eclesiástico para juzgar a aquellas personas que mantenían una postura contraria a los dogmas de la Iglesia y renovando las órdenes mendicantes como una presencia persuasiva y activa a favor de la Iglesia.

Entre estas destaca la orden cisterciense, fundada en el año de 1098 en la población francesa de Citeaux por monjes benedictinos. Los primeros monjes pretendieron regirse por una interpretación estricta de las reglas monásticas de San Benito, orientadas a practicar un rígido ascetismo, complementar la oración con el trabajo manual y mantener una postura contraria a las concesiones que el sistema feudal otorgaba a unas cuantas personas. Para el año de 1153 la orden contaba con más de 300 monasterios. Durante el siglo XII, los cistercienses eran la orden con mayor influencia dentro del catolicismo, difundieron las nuevas técnicas agrícolas, impulsaron el estilo arquitectónico gótico y dedicaron una parte importante de sus recursos para transcribir y conservar manuscritos para sus bibliotecas.

Esta expansión ideológica se fortaleció con el surgimiento del pensamiento escolástico. En Occidente, hasta antes del siglo XIII el pensamiento filosófico descansaba sobre las obras de San Agustín, que se había inspirado a su vez en una interpretación cristianizada de la filosofía de Platón. Sin embargo, después del siglo XIII se empezó a difundir la filosofía de Aristóteles surgiendo una escuela de pensamiento que afirmaba que se podía conocer no sólo a través de la revelación sino de la razón. Se retomó, así, la importancia de la experimentación en el proceso de conocer. En este contexto, Tomás de Aquino desarrolló un pensamiento filosófico que afirmaba que tanto la fe como la razón son complementarias. Algunas verdades, como la Trinidad, sólo pueden ser conocidas por la fe, mientras que otras, como el conocimiento del mundo material, por la experiencia. Esta reconciliación permitió, lentamente, el avance del conocimiento experimental.

El avance en el conocimiento fue fortalecido por el surgimiento de las primeras Universidades en el siglo XII, fundadas en Italia y Francia y extendidas, años más tarde, por toda Europa. En ellas se enseñaban gramática, retórica, lógica, aritmética, geometría, música y astronomía y los alumnos se especializaban posteriormente en medicina, derecho o teología. Las universidades otorgaban primero el título de bachiller, después el de licenciado y por último el de doctor. A estas universidades acudían alumnos de diferentes regiones por lo que las clases se impartían en latín: el idioma culto de Europa. Entre los años de 1200 a 1400 se fundaron 52 universidades convirtiéndose en centros de enseñanza, investigación y discusión. Algunas universidades fueron erigidas por mandato real, mientras que otras bajo el patrocinio del Papa. Entre las universidades más importantes se encontraban las de París, Bolonia, Salamanca y Oxford.

Esta expansión tanto económica como poblacional, acompañada por el crecimiento de las ciudades y la consolidación del cristianismo favoreció una nueva manifestación artística: el arte gótico, un arte eminentemente urbano, financiado por la burguesía, que expresa en las catedrales un símbolo de prosperidad y refleja la mentalidad de la época.

Fuente: Lemus Delgado, Daniel y Claudio Morales Sandoval, Historia Moderna y Contemporánea desde la fragmentación del sistema feudal hasta el Congreso de Viena, México, 2007, editorial Limusa, Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, pp. 42-69.

La Alta Edad Media

En el año 395 d.C. el emperador Teodosio dividió el vasto Imperio Romano en dos regiones, con el fin de administrarlo mejor: la parte Occidental con capital en Roma, que caería en el año 476 d.C. a manos de pueblos de origen germánico llamados genéricamente bárbaros, y la parte oriental, con capital en Constantinopla (Estambul), que permanecería mil años más hasta su caída en manos de los turcos en el año 1453.
 
La unidad geográfica y mental que los romanos habían alcanzado se desintegró, dando paso a tres civilizaciones contemporáneas: la bizantina, en la parte oriental de lo que fue el imperio romano, la islámica, abarcando la Península Arábiga, el Norte de África y con presencia en la Península Ibérica y la civilización occidental, un territorio que actualmente cubre desde España hasta Alemania. 
 
Emperador Justiniano (483-565). Imperio Bizantino.
Emperador Justiniano (483-565). Imperio Bizantino.


La caída de la parte Occidental del Imperio Romano se debió a la llegada de pueblos extranjeros que los romanos llamaron bárbaros por el hecho de no hablar latín, no tener las mismas leyes ni prácticas culturales comunes. Las invasiones fueron llevadas a cabo por distintas tribus, a largo de ciento cincuenta años, en las que se apoderaron, en un proceso de reacomodo de fuerzas, de distintas partes del Imperio. Los pueblos germanos fueron “empujados” debido a la llegada de un pueblo de Asia Central conocido como los hunos, cuya bravura y capacidad para hacer la guerra obligó a los germanos a trasladarse a sitios más seguros. Y las causas por las cuales pudieron conquistar las provincias del imperio se encuentran, por una parte, en la superioridad militar: el uso de la caballería complementada por el arma de los invasores: la espada larga, cortante y puntiaguda. Pero, sobre todo, por la complicidad de los propios romanos, sobre todo los de las clases sociales inferiores, que cada día se veían más explotados por una minoría de ricos.
 
Para el año 526 d.C. los vándalos, ya se habían establecido en una parte de las costas mediterráneas del norte de África; los ostrogodos, en la Península Itálica; mientras que los visigodos prácticamente se habían apoderado de toda la Península Ibérica, a excepción del norte que fue dividida entre los suevos y los vascos; lo que prácticamente hoy es Francia fue territorio conquistado por los francos; la parte oriental de Inglaterra ya era controlada por dos pueblos, los anglos y los sajones, estos últimos también se establecieron en la parte continental de Europa ubicados en lo que actualmente es Holanda; los jutos ocuparon Dinamarca y finalmente, los eslavos habían tomado posesión de las tierras entre los ríos Elba y Vistula.
 
La red de caminos se paralizó, puentes y acueductos fueron destruidos, el comercio declinó y las ciudades fueron saqueadas; la lengua romana fue reducida a un lenguaje culto accesible para unos cuantos, la legislación romana perdió vigencia y las actividades literarias, la especulación filosófica y las manifestaciones artísticas decayeron.
 
Pero una buena parte de los conocimientos prácticos sobrevivieron y fueron adoptados por los pueblos invasores: telares, instrumentos agrícolas, utilización del caballo, técnicas de fabricación de objetos de uso cotidiano. Igual de trascendente fue el hecho de que estos pueblos adoptaron la fe cristiana que fue lo que permitió la unidad cultural durante la Edad Media.
 
El cristianismo tuvo su origen en la comunidad judía durante el reinado del emperador Augusto y se expandió vigorosamente por el Imperio, al grado tal de ser adoptada como religión de Estado por el emperador Teodosio.

El crecimiento de los conversos y la expansión geográfica de la Iglesia impuso la necesidad de una organización más ordenada. De esta forma, fue cada vez más frecuente que un territorio fuera atendido y supervisado directamente por un obispo, que tenía su sede en una ciudad importante desde donde organizaba las actividades de la Iglesia en forma jerarquizada. Este sistema organizativo tenía su origen en la tradición cristiana en la que Jesús había elegido, entre sus apóstoles, a Pedro como sucesor de la obra evangelizadora. Con el tiempo, el obispo sucesor de Pedro, con sede en Roma y llamado Papa, se convirtió en la autoridad máxima de la Iglesia y cuando el Imperio Romano se derrumbó, la Iglesia encabezada por el Papa se convirtió en una de las autoridades más importantes para justificar el poder terrenal de los reyes y príncipes.
 
Los siguientes dos siglos a la caída del Imperio Romano fueron un periodo de caos, de abandono de las ciudades y su decadencia, de combates constantes entre los nuevos reinos germanos y de retroceso gradual. Entre estos reinos de origen germánico destaca el reino de los francos. Su fundador, Clodoveo, se apoderó de Galia, que era una provincia romana, donde derrotó al último gobernador romano en el año 486, posteriormente hizo frente a una tribu germánica conocida con el nombre de alamanes, en el 496 y por último a los visigodos en el 506. Su conversión al catolicismo, en el año del 496, facilitó el apoyó que le brindaron los poderosos obispos católicos de Antioquía. Sin embargo, la debilidad más grande se encontraba en la costumbre germánica de dividir, a la muerte del soberano, el reino entre distintos hijos dando paso así a la desintegración y las intrigas políticas. Para el siglo VII, los sucesores de Clodoveo ejercían sus dominios sobre extensiones más pequeñas y habían perdido el interés de administrar de manera directa los asuntos de gobierno. El poder era delegado a funcionarios principales, que eran conocidos como "intendentes del palacio" o "mayordomos". 
Clodoveo.


 
Entre estos mayordomos, destacó la figura de Carlos Martel, quien en la práctica ejercía un poder muy amplio en el Norte y Este del Reino Franco. Su prestigio se vio fortalecido cuando, lidereando a los nobles francos, venció en el año 732, en la batalla de Poitiers, al ejército musulmán encabezado por Abderramán. Hasta entonces el Islam había sido una religión muy vigorosa en su expansión, surgida en Arabia bajo la inspiración del profeta Mahoma, cien años antes, y en sólo un siglo sus seguidores habían convertido al Islam a los pueblos de la Península Arábiga, el antiguo reino persa, el norte de África y la Península Ibérica. La batalla de Poitiers fue decisiva porque detuvo el avance musulmán y, para los cristianos, garantizó la continuidad de la Iglesia. De manera personal, este hecho facilitó a Carlos Martel fundar una nueva dinastía reinante: la carolingia.
 
Carlomagno, nieto de Carlos Martel, recibió como herencia no sólo la extensión territorial de un importante reino, sino el prestigio moral adquirido por su abuelo como defensor del cristianismo, junto con la fidelidad de los nobles francos adquirida a través de la donación de tierras y con la presencia de una estructura de gobierno sólida. De esta forma procuró restaurar la gloria del imperio Romano. Después de una serie de campañas exitosas que le permitieron ampliar su reino, en la Navidad del año 800, en la ciudad de Roma, el Papa León III coronó a Carlomagno con el título de "Carlo Augusto Emperador Romano". Para entonces su imperio se extendía a lo que actualmente es Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Austria y el norte de Italia. 
Carlomagno.


 
Tan vasto imperio era gobernado indirectamente por Carlomagno. En realidad estaba dividido en alrededor de 300 condados, cada uno de los cuales era directamente administrado por un conde designado por Carlomagno a través de un juramento de fidelidad y que tenía que asistir cada año a una asamblea para conocer los asuntos más importantes del imperio. A pesar de estos esfuerzos, la funcionalidad del imperio estaba íntimamente ligada al carácter del emperador y cuando éste murió el imperio se desmembró.
 
Aunque el imperio carolingio fue breve, su contribución más importante fue mantener vivo el ideal de una sociedad cristiana unificada ideológica y políticamente. Para ello, llevó a cabo 53 campañas militares, en las que la masacre y la conversión estaban mezcladas, la presencia de misioneros era acompañada por soldados que se dedicaban a matar, destruir, incendiar, desterrar. Por ejemplo, en el año 778, una revuelta encabezada por Widikind, líder de la población sajona en las costas del Mar del Norte, finalizó con la orden de Carlomagno de decapitar a 4500 amotinados.
 
El imperio de Carlomagno representó un periodo de resurgimiento artístico y cultural y el florecimiento del comercio de productos de lujo y a grandes distancias.
 
El fin del imperio carolingio significó la ausencia de un poder central fuerte y unificado, lo que facilitó la llegada de una nueva oleada de invasiones: los normandos o vikingos, los magiares y los sarracenos o musulmanes. En el siglo X, pueblos de origen nórdico conocidos como vikingos, llevaron a cabo incursiones militares, robando, matando y saqueando sitios tan distantes como Rusia o la costa mediterránea de España; incluso, algunos de ellos navegaron hasta Irlanda, Islandia y Groenlandia y llegaron, probablemente, hasta la isla de Terranova frente a las costas canadienses.
 
Estas invasiones nórdicas se presentaron simultáneamente con las de tribus originarias de Asia Central, llamadas magiares, que desde el Mar Negro invadieron Europa Central y el Norte de Italia, para finalmente convertirse al cristianismo, asumir practicas culturales de los pueblos de Europa Central y establecerse en forma definitiva en Hungría.
 
Finalmente, flotas de piratas árabes conocidos como sarracenos comenzaron, a partir del siglo IX, una serie de ataques en contra de los puertos cristianos de las costas mediterráneas de Francia e Italia. Saquearon Grecia en el año 806, conquistaron Sicilia en el 827 amenazando constantemente los puertos europeos. Europa se sumió una vez más en un periodo de inestabilidad e inseguridad generalizada.
 
Por tanto, el fin del imperio carolingio favoreció una fragmentación del poder y el regreso a una época de relativa anarquía. Así como el surgimiento de la Europa Feudal, un sistema económico y social basado en la preponderante producción agrícola, organizada a través de feudos y relaciones de vasallaje entre señores feudales y siervos, cuyo origen se relaciona con la necesidad de protección y defensa de la gente común ante el arribo inesperado de mercenarios especializados en saquear y asesinar.

Hacia el año mil, Europa estaba conformada de la siguiente manera, Inglaterra contaba con una monarquía centralizada, Alemania estaba dividida en ducados, Italia fragmentada en pequeños reinos, Francia tenía un rey pero con poco poder real y España iniciaba la Reconquista, un esfuerzo disperso para expulsar a los musulmanes. Así, los pueblos de Europa Occidental políticamente débiles se mantenían en pie sobre las ruinas del Imperio Romano, constantemente amenazados por la llegada de nuevos grupos invasores, con una diversidad de lenguas, sólo compartían en común la fe cristiana.
 
Fuente: Lemus Delgado, Daniel y Claudio Morales Sandoval, Historia Moderna y Contemporánea desde la fragmentación del sistema feudal hasta el Congreso de Viena, México, 2007, editorial Limusa, Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, pp. 42-69.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Programa Historia III


INSTITUTO DE EDUCACIÓN MEDIA SUPERIOR DEL D.F.


PROGRAMA DE HISTORIA


ENFOQUE



El desarrollo histórico de la sociedad mexicana, en la últimas décadas, ha generado una mayor demanda de la ciudadanía en aras de satisfacer las diversas necesidades, siendo la educación una de ellas. En este contexto, el Modelo Educativo del Sistema de Bachillerato del Gobierno del Distrito Federal (SBGDF) tiene como propósito preparar individuos con una sólida formación crítica, científica y humanística, que les permita interactuar de manera responsable en la sociedad a la que pertenecen.
De esta forma, la asignatura de Historia trabaja y se involucra con otras asignaturas del Plan de Estudios del Bachillerato del Gobierno del Distrito Federal para hacer posible la formación integral del estudiante, para lo cual y aunado a los nuevos modelos de enseñanza y aprendizaje, es prioritaria la participación activa del educando en la construcción del conocimiento, a partir de la reflexión y cuestionamiento que hace sobre su vida cotidiana; a fin de que la vincule con los procesos históricos. Lo anterior sólo es posible si el estudiante relaciona los conocimientos históricos con su presente, a partir de la investigación, para tener como resultado una Historia Viva, vivenciada, que genere cuestionamientos.
El área de historia se sustenta en las nuevas formas de concebir y hacer historia, las cuales colocan al presente en el centro de su reflexión, pues facilita la construcción de conocimientos significativos, privilegia el análisis cultural; sin que ello signifique dejar de lado las cuestiones económicas, políticas y sociales. Es decir, revalora la vida cotidiana, dialoga con otras disciplinas, incorpora a individuos y grupos que durante mucho tiempo permanecieron fuera del análisis histórico.
El programa del área se aborda desde el presente para que el estudiante se pregunte desde éste, vaya al pasado y establezca vínculos con el acontecer diario, rompiendo así con la idea lineal de la historia. Así se enseñan y estudian procesos históricos a partir de la relación presente-pasado-presente para propiciar que el estudiante se relacione con el pasado y comprenda así su entorno inmediato, el contexto cultural, social, político y económico actual. Colocar el presente como centro del análisis histórico facilita que los estudiante se reconozcan como sujetos históricos, es decir como parte de la historia.
La enseñanza desde el presente hace posible un ir y venir tanto en el tiempo como en el espacio, le proporciona a la historia un carácter práctico porque el estudiante genera conocimientos, actitudes y habilidades que le son útiles para la toma de decisiones en los distintos ámbitos de su vida diaria.
La razón de que el presente tenga primacía sobre el pasado es porque únicamente ubicados en el ahora podemos cuestionar la realidad con miras a construirla1. Estudiar desde el presente facilita la construcción de conocimientos significativos entre los estudiantes, pues establecen conexiones múltiples entre su vida diaria y los procesos históricos que estudia; logrando que se articulen y comprendan como un "todo". Por lo anterior, el área de historia se aboca a enseñar procesos históricos de larga duración los cuales se relacionan; es decir no se divide a la historia de manera tradicional en épocas y áreas de estudio que parecieran ajenas entre sí.
Cada uno de los cursos del Programa de Historia, se abordan desde una perspectiva global; es decir, la historia de México y la historia Universal, se fusionan para explicar y comprender procesos comunes donde no se anulan las particularidades históricas de cada país o región, sino que se complementan. La historia de una sociedad sólo se comprende cuando se analiza su contexto y la relación que existe con otras sociedades. En este sentido, es necesario enseñar procesos históricos que confronten lo "global" con lo "local"2 y viceversa.
Para desarrollar este tipo de enseñanza de la historia, el docente utiliza diversas fuentes para generar la problematización, interpretación y explicación de los procesos históricos. En este sentido, al valorar las fotografías familiares, los vestidos, los recetarios culinarios, las cartas y otros objetos privados y también al observar el kiosco del parque de la colonia, las iglesias, avenidas, puentes, monumentos, museos, archivos y hasta la música; el estudiante cuestiona, reflexiona y explica, desde su punto de vista, los procesos históricos; dándole sentido y relación a "simples objetos" con un acontecimiento determinado.
De este modo, el docente debe propiciar la investigación y evitar un aprendizaje basado en la repetición y memorización de datos del pasado. Por ello, se da particular relevancia a los aspectos culturales cercanos a los intereses de los estudiantes, incluyéndose cuestiones tan variadas como la alimentación, el lenguaje y la publicidad, los símbolos, las imágenes, las manifestaciones artísticas, los olores, cambios y continuidades en las sociedades, la moda y su relación con la vida cotidiana, entre otros aspectos que motiven el aprendizaje de la historia. A partir de esto, la enseñanza de la historia se desplaza a un campo propicio en el cual los estudiantes se sienten partícipes y vencen las resistencias que pudieran tener al aproximarse al conocimiento histórico.
Así, el docente hace uso de cada uno de los espacios de enseñanza y aprendizaje con los que cuenta el SBGDF con la finalidad de fomentar actitudes como el respeto y la tolerancia a la multiculturalidad, pues este tipo de historia pretende incluir y tomar en cuenta al otro; además de desarrollar habilidades que le permitan investigar e interpretar procesos históricos, logrando así conocimientos más amplios y significativos.

La historia que se enseña y aprende en el SBGDF redescubre al hombre, es decir profundiza la dimensión humana de la disciplina; la hace más humana y lleva al individuo a reflexionar de manera distinta sobre su entorno.

PERFIL DEL ESTUDIANTE

El estudiante al término de los cuatro semestres de Historia, después de haber cubierto los objetivos de aprendizaje y acorde con el Modelo Educativo será capaz de: interpretar procesos históricos desde el presente, a partir de su vida cotidiana, que le permitan reconocerse como sujeto crítico e investigador de la historia valorando el patrimonio sociocultural.

OBJETIVO GENERAL DEL PROGRAMA
El estudiante:

Desarrollará su conciencia histórica, a través de la investigación e interpretación de procesos históricos con una actitud crítica.

CURSO DE HISTORIA III

Entre el castillo, el monasterio, el campo y los grandes viajes

PRESENTACIÓN:

En este curso, nos adentraremos en la vida cotidiana de los castillos, los monasterios, las urbes y el campo. Exploraremos las ideas, los símbolos, las imágenes, los misterios, las encrucijadas y las complejidades del pensamiento medieval. Comprenderemos el tránsito del pensamiento dogmático al racional, que abrió el camino a la ciencia moderna y que creó condiciones propicias para la exploración de otros mundos.

Así podremos, con la ayuda de la brújula y el astrolabio, navegar por el mundo y descubrir la procedencia de la porcelana, la seda, la canela, la pimienta, la plata, el cacao, la grana cochinilla. También conoceremos las diferentes formas de comer, vestir, comunicarse, que caracterizaron a las culturas y que provocaron un intercambio, no exento de conflictos, que transformó la cosmovisión del mundo de los siglos V al XVIII.


Objetivo general del curso de Historia III

El estudiante:

Cuestionará los elementos ideológicos y culturales de los períodos medieval y moderno que dieron origen a la construcción del pensamiento del mundo occidental del que forma parte.
OBJETIVO
CONTENIDOS BÁSICOS
CARACTERIZACIÓN
ESTRATEGIA DE ENSEÑANZA


ACTIVIDADES DE APRENDIZAJE
SUGERENCIAS DE EVALUACIÓN
CLASES
1. Reconocerá la influencia de los procesos culturales y sociales de la Edad Media en la conformación del pensamiento occidental del que forma parte
-¡Por Dios, por mi rey, por mi espada! Ideología de las cruzadas.

-Detrás de los muros del castillo, el convento y las chozas se encuentra la magia, el misterio y el mito: Cultura, ciencia y vida cotidiana en la Edad Media.

-Pirámides, dioses del agua y la guerra: Religión y poder en Mesoamérica
-Ubica temporalmente los procesos históricos de la Edad Media.

-Reconoce la importancia e influencia del cristianismo en el pensamiento y vida cotidiana de la Edad Media.

-Identifica aspectos culturales, religiosos, económicos y políticos de la forma de vida en la Edad Media y Mesoamérica.
-Selección y análisis de textos breves de historia cultural del periodo, proporcionado por el profesor. Por ejemplo "Mujeres del siglo XII" de Georges Duby.

-Trabajo individual y colectivo:

-Diseño y aplicación de instrumentos de evaluación sobre los procesos históricos estudiados.
-Identifica los conceptos relativos a los procesos históricos en las lecturas.

-Comenta, resume, y/o subraya las lecturas realizadas en clase.

-Utiliza las fuentes y herramientas para elaborar sus nociones de Edad Media y Mesoamérica.

-Elaboración de líneas del tiempo sobre acontecimientos relativos a la Edad Media y Mesoamérica.
-Actividades extra-clase: investigación, lecturas, etc.

-Trabajo en el aula:

-Construcción individual de su noción de Edad Media. Deberá entregarlo por escrito y expresarlo de forma oral con argumentos válidos.

-Construcción individual de su noción de Mesoamérica. Deberá entregarlo por escrito y expresarlo de forma oral con argumentos válidos.
Clases: 10

Del 28 de agosto al 29 de septiembre.

OBJETIVO
CONTENIDOS BÁSICOS
CARACTERIZACIÓN
ESTRATEGIA DE ENSEÑANZA


ACTIVIDADES DE APRENDIZAJE
SUGERENCIAS DE EVALUACIÓN
CLASES
2. Identificará la importancia de las aportaciones culturales e ideológicas del Renacimiento, en la explicación de la visión del mundo moderno y contemporáneo.







-Aportaciones culturales de los reinos europeos.
-Presencia musulmana en el arte y pensamiento occidental.
-Té, pólvora, astrolabio y papel: Marco Polo, otros viajeros y el intercambio cultural.
-La religión en crisis, la razón por encima de Dios: Nacimiento del protestantismo.
-Nuevas rutas marítimas y comerciales: Pensamiento colonialista para el nuevo orden político y económico.
-¡Tierra a la vista! Encuentro de dos mundos.
-Conquista espiritual: El discurso colonialista de España en el Nuevo Mundo.
-De la cuadratura al círculo: El pensamiento renacentista se comprende desde el arte.
-Ubica geográfica y temporalmente los reinos europeos, el desarrollo del Islam, los descubrimientos, los viajes, la conquista y el renacimiento.

-Reflexiona en torno a los procesos relativos al colonialismo que explican la hegemonía de algunas naciones en la actualidad.

-Comprende la influencia del cristianismo en el intercambio cultural, científico y tecnológico entre oriente y occidente.

-Destaca las características del protestantismo y cristianismo para el desarrollo del pensamiento de la época del renacimiento.
-Trabajo individual y colectivo.

-Proporciona lecturas de enfoque cultural, que permitan al estudiante conocer los procesos históricos.

-Diseño y aplicación de instrumentos de evaluación sobre los procesos históricos estudiados.
-Elabora su noción de renacimiento desde el manejo de conceptos básicos.

-Señala rutas marítimas y comerciales del periodo.

-Maneja fuentes de la historia y herramientas de investigación para interpretar procesos históricos de la época

-Reflexiona sobre el pensamiento renacentista desde el arte.

-Lectura y análisis sobre el postulado del humanismo.
-Construcción individual de su noción de Renacimiento. Deberá entregarlo por escrito y expresarlo de forma oral con argumentos válidos.

Señala en el planisferio las rutas marítimas y comerciales del periodo al explicar el expansionismo europeo.

Explica las características del colonialismo europeo en Asia y América.
Clases: 10

Del 02 de octubre al 03 de noviembre.

OBJETIVO
CONTENIDOS BÁSICOS
CARACTERIZACIÓN
ESTRATEGIA DE ENSEÑANZA


ACTIVIDADES DE APRENDIZAJE
SUGERENCIAS DE EVALUACIÓN
CLASES
3. Reflexionará sobre los orígenes del Estado actual a partir de distinguir la transición de los reinos medievales a los estados absolutistas, para comprender el nuevo orden geopolítico de la época y sus repercusiones en el pensamiento actual.

-De los reinos europeos a las ciudades.
-El poder repartido entre el Rey y el Papa: Formación del imperio romano-germánico desde el pensamiento y la articulación con el cristianismo.
-La unificación de Europa a través de los primeros Estados: Nacimiento de los Estados Absolutistas.
-Los vínculos crecen y las monarquías se expanden: Pensamiento colonialista.
-Un ejemplo de fusión cultural: El pensamiento y vida cotidiana en la Nueva España.
-Ubica temporal y espacialmente las culturas que se desarrollaron en Europa en la Edad Media:
-Conoce la formación de los reinos romano-germanicos y su articulación desde el cristianismo.

-Comprende la relación entre la conformación de monarquías y el surgimiento de los primeros Estados-Nación.

-Relaciona conceptos de metrópoli, colonia, colonialismo y mercantilismo en la comprensión de la Edad Moderna.

-Reflexiona sobre la relación entre absolutismo, pensamiento, avances científicos y el dominio territorial.

- Organiza y coordina desde el análisis de lecturas un ejercicio para detectar las principales características de la vida y pensamiento novohispano.
-Elabora mapa histórico para ubicar culturas Francos, visigodos, ostrogodos y germanos.

-Realiza línea del tiempo y mapa geográfico de las monarquías absolutistas.

-Elabora concepto de Estado Absolutista al detectar los elementos del mismo.

-Identifica en un mapa histórico la división política y geográfica de la Nueva España de los siglos XVI al XVIII.

-Realiza línea del tiempo de los principales acontecimientos de la época colonial.

-Detecta a partir de las lecturas las características principales de la vida y pensamiento en la Nueva España que perduran actualmente.
-Revisión de los productos elaborados en las actividades de aprendizaje.
Clases: 10

Del 06 de noviembre al 15 de diciembre.

1 Cfr. Joseph Fontana. La historia después del fin de la historia, Crítica, pp. 130-143.
2 Cfr. Alain Touraine, "¿Podremos vivir juntos? La discusión pendiente", en El destino del hombre en la aldea global, FCE. 

Programa Historia I

Programa Historia I